Dra. Alonso

De WikiNovela

Con tan sólo 25 años había logrado terminar los estudios de medicina. Y antes de pasar un año ya había comenzado a trabajar como médico de cabecera dentro de la red pública de centros de salud. Aún no tenía un puesto de trabajo fijo; trabajaba esporádicamente realizando sustituciones. No obstante, su evolución profesional hacía pensar que no tardaría demasiado en conseguir la plaza fija que se había propuesto. Sin embargo, la ascensión profesional de Raquel parecía ir a la misma velocidad que su creciente tristeza.

En realidad, hacía muchos años que consideraba su vida como vacía, o superficial, quizás irrelevante. En verdad, nunca hubo un punto de inflexión que le hubiese arrojado a esto por circunstancias concretas, pero cuando mira atrás comprueba que, desde sus trece o catorce años, su vida ha sido, de forma paulatina, cada vez menos feliz y satisfactoria. Actualmente se siente convencida de que no hay ninguna razón que le haga pensar que merezca la pena vivir. A pesar de todo, y aunque por sus pensamientos pudiera parecer lo contrario, nunca ha sufrido una depresión, ni ninguno de sus fatales síntomas. Su tristeza le estallaba en los pocos minutos que demoraba en dormirse, por las noches, con el cuerpo agotado y la mente bullente, pero en blanco.

Por las noches, tras terminar su jornada en el ambulatorio, Raquel se refugia en Internet. Su nombre clave es DrPain. Bajo ese sobrenombre ha contado gran parte de los pasajes de su vida que le han ido frustrando hasta la saciedad. Ha sido una válvula de escape que le ha permitido sacar su dolor, convirtiéndose en una efectiva terapia. Más aún teniendo en cuenta que su número de amigos se podía contar "con los dedos de una oreja" desde que, al comenzar el instituto, dejó atrás a su "pandilla del colegio". Nunca logró, ni quiso, entablar ni una sola verdadera amistad, y ahora había encontrado la forma ideal de intercambiar confidencias, consiguiendo así no verse ahogada por ellas. Consideraba una gran ventaja poder conversar con personas que seguramente jamás vería en persona, y que no podían verle la cara de hastío que se le plantaba en el rostro cuando estaba sola, mientras tecleaba las frases llenas de buen humor que le servían como escudo y como protocolo, y que le permitían sincerarse frente a cualquiera -a nadie-, que hubiera despertado en ella esa sensación tan parecida a la confianza y a la intimidad que generan las letras subiendo, coloridas, en la pantalla de un ordenador.

De todos modos, frente al mundo, lo que mandaba eran sus ojos brillantes, sus ojos enamoradores de mujer guapa, inteligente, emprendedora, segura...

Paradógicamente, Raquel perdía toda habilidad erudita con que pronunciaba, diariamente, los complejos términos de su profesión, a la hora de teclear sus latidos. El Dios de poliamida -que todo lo puede-, también asusta, aunque no mire fijamente a los ojos, cuando la pantalla que todo lo sabe muestra, letra tras letra, las erratas de una emoción.

Raquel solía escuchar música mientras chateaba. Una evasión no es completa si queda un resquicio que una a la realidad. Le gustaban Sabina, Perales, y cualquiera que pudiera resultar más profundo o menos chabacano que un "aserejé".

En alguna ocasión sonó el tema de "lágrimas de plástico azul" y dudó entre apagar su ordenador, o levantarse de su silla, buscar su dirección en el listín telefónico y ahogar a Sabina. Pero continuó con su ordenador encendido y lo de Sabina, lo dejó para más adelante.

Se había fijado unas pautas para no resultar vulnerable en sus incursiones en la red; se presentaría desde una perspectiva totalmente distinta a la suya -aunque tampoco era muy constante en ese sentido ni se conocía tanto a si misma como para conseguir efectividad en esa farsa-, para establecer así la imposibilidad de un contacto. Decía ser una mala estudiante, trasnochadora, muy amiga de amigos de un día, derrochadora de tiempos de baile, desinteresada de su imagen y semejanza... Podía contar que estaba casada, o divorciada, o que dormía con una botella de ron bajo el colchón, "por si el insomnio". Desde el otro lado, era claro, las mentiras resultaban igual de desapacionadamente falsas.

Sin embargo, ninguna mentira dura lo suficiente; cuando aquella ventana luminiscente era humilde, sincera y herida... No sabía negarle la autenticidad de su afecto. Últimamente andaba muy interesada en una amiga -una tal Deudora-, que parecía una mujer sencilla, buena y sola

"¿Será una pandemia eso de la soledad?" pensaba, mirando hacia adelante -hacia la lluvia invertida de letras coloreadas; hacia el mosaico de mensajes privados-, cuando pensaba eligiendo las palabras de su pensamiento, formando frases en stereo dentro de su cabeza.